El verano puede disparar los antojos de los más pequeños y que abusen de lo que no tienen que comer los niños en verano. La falta de rutinas, el buen tiempo, comer a deshoras, el calor, los juegos interminables en la piscina, la playa… todo se pone en contra para seguir a raja tabla una buena alimentación.

 

¿Sabías que las necesidades alimentarias de los niños cambian en verano? Además, al estar de vacaciones los caprichos por un helado, chuches o bollería se disparan aprovechando los momentos de ocio de la familia. Las nectarinas, fresas, cerezas, melón o sandía son opciones saludables y refrescantes que pueden reducir el impulso de beberse un refresco o tomarse un helado.

 

Dieta descontrolada

 

En verano también debemos sumarle que, entre chapuzón y chapuzón, puede sus horarios se descontrolen y terminen olvidando, por ejemplo, la merienda. En verano los niños suelen realizar más ejercicio físico y su dieta debe tener un balance energético saludable y dejar los “antojos” para momentos puntuales.

 

Además, concienciar a los más pequeños de cómo deben comer los niños en verano y la importancia de llevar una alimentación correcta sentará las bases de su aprendizaje en lo que a diferentes comidas se refiere y evitará que en el futuro puedan desarrollar conductas insanas que les conduzcan a enfermedades como la diabetes o a tener obesidad. ¡El verano puede ser un buen momento para que los niños cocinen y hagan la compra con sus padres! ¡Tráetelos al mercado!

 

El secreto: más comidas pero ligeras

 

Si alguna vez te has preguntado qué tienen que comer los niños en verano, puedes tomar nota de estos pequeños consejos. Introducir ciertos cambios en las pautas de alimentación puede llevarnos a una mejora de la salud no sólo de tus hijos, sino también de toda tu familia:

 

  • Haz cinco o seis comidas al día poco abundantes.
  • Incluye alimentos refrescantes en los primeros platos como por ejemplo cremas frías de verdura (salmorejo, gazpacho, etc.) o ensaladas.
  • Incluye todo tipo de vegetales crudos: repollo, zanahoria, judías verdes o guisantes frescos cortados en juliana. Así conservarán más vitaminas que cocinados.
  • Otra forma de tomar hidratos de carbono complejos (legumbres, arroz, patata y pasta) puede ser tomarlos en ensalada.
  • Las proteínas ( carnes, pescados, huevos) es mejor prepararlas a la plancha o a la brasa que fritas o empanados.
  • Intenta reducir el consumo de alimentos muy grasos (embutidos, frutos secos, mantequilla, fritos…). Las únicas grasas que no deberían disminuir son las que proceden del aceite de oliva.
  • Oblígales a que tomen más agua para reponer la que se pierde a través de la sudoración. Otras bebidas como los zumos, horchata o batidos naturales puede ser una buena opción, ya que aportan minerales, vitaminas y nutrientes. Éstos pueden incluirse en el desayuno o la merienda.

 

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